Siempre he sido una persona bastante estructurada. Me gustan las cosas ordenadas, las etiquetas. No me gustan los grises, las áreas indefinidas. Frente a cualquier situación inteto rayar la cancha rapidito, para no dar pie a malinterpretaciones o malos entendidos.
Este año se me vino el mundo abajo. Bajo diferentes circunstancias y por diferentes motivos, he visto cómo todo lo que consideraba estable en mi Universo se desarmó. Mi Universo completo quedó patas pa'rriba, incluyendo a mí misma. La estructura que me sostenía se vino abajo y tuve que empezar una vez más desde cero.
Sin esa estructura me quedé sin defensas, sin nada. Totalmente en pelotas (emocionalmente hablando, da!) y creyendo que no tenía dónde ni cómo sostenerme, principalmente ahora que volvía a estar sola. Porque para mí la estrucutura nunca estuvo cimentada en mí, sino en los demás. Si sé, craso error. Pero para aprender hay que equivocarse.
Sin esa estructura, estaba solamente yo. Y después de mirarme un largo, largo rato el ombligo me di cuenta que no soy tan penca como yo pensaba. Que, de hecho, tengo muchas y variadas virtudes que ni por asomo me había dado cuenta que tenía. Que mis defectos en verdad no son tan terribles como yo creía y, de hecho, no son nada en comparación con las cosas buenas que tengo.
Sin la estructura, pude echar a volar mi imaginación y soñar con nuevos rumbos. Me atreví a desplegar mis alas de verdad y descubrí que son mucho más fuertes de lo que yo creía y que me pueden llevar a donde yo quiera. Basta decidirse, cerrar los ojos y lanzarse al vacío.
Y así, en pelotas y en medio de los escombros, estoy levantando una estructura nueva. Pero esta será muy diferente a la anterior. Porque será mía. Porque yo la iré construyendo poquito a poquito.
Ya no dejaré mis miedos e inseguridades en una Caja de Pandora. Dejaré que anden libres por ahí, porque son parte de quien soy y si los dejo libres... Bueno, a lo mejor se van de una vez por todas.
Dejaré un espacio gigante para soñar, para que no se me olvide que los sueños no necesariamente son de a dos, sino también de a uno y no por eso son menos atractivos.
Habrá espacio para guardar todas las lecciones de mi vida en orden alfabético y todas escritas en mayúscula y negrita. Para no cometer más viejos errores, sino nuevos.
Dejaré un espacio no muy grande para los recuerdos. Serán como una caja de fotos viejas en blanco y negro que a lo más me sacarán un suspiro de vez en cuando, pero nada más. Afuera de la caja, con letras rojas se leerá "Lo que pasó, pasó". Y habrá un espacio muy chiquito para los recuerdos malos o tristes. Solo porque sé que siempre estarán ahí y esos sí prefiero mantenerlos bajo llave y en un rincón más o menos inalcanzable.
El espacio más grande estará dedicado a mí. A todas aquellas cosas que me hacen única e irrepetible. Y todas esas cosas, buenas y malas, estarán juntas y revueltas. Nada de seguirme diviendiendo en versiones aptas para ciertas ocasiones, para ciertos lugares, para ciertas personas. Mónica hay una sola (menos mal >_<).
Y siempre habrá espacio para mi gente, solo que de ahora en adelante no serán la base de mi vida. Creo que de a poco he ido aprendiendo y aprehendiendo que no se puede vivir de los demás, sino con los demás. Que hay murallas que no se deben traspasar ni menos destruir. Que hay cosas que sencillamente no se transan, sin importar si eso le hace la vida más fácil al otro, porque significa que la vida se me hace más difícil a mí.
El 2009 fue el año del cataclismo. De la destrucción, del sufrimiento, de la noche más oscura. De la desestructuración más profunda y significativa en lo que va de mi vida. Pero todo eso ya fue. Ya pasó. Lo peor quedó atrás. Las heridas van sanando (aunque dejen cicatrices profundas) y la vida lentamente se va llenando de "monitos de colores, chocolate y nubes de algodón". Y creo que sinceramente es primera vez que me gusta.
